Antes de la cabalgata, de la Noche de Reyes y de los regalos, es casi inevitable tomar un trozo del tradicional roscón, el pastel más solicitado en estos días.
Los hornos están a pleno rendimiento para que no falte en casi ningún hogar español.
Sólo o acompañado de un buen chocolate, con el roscón se cierra la temporada de los excesos gastronómicos de Navidad.
La tradición del roscón de Reyes
según versión de los pasteleros es que se introdujo con los Borbones
en el siglo XVIII y el producto que hoy se sigue elaborando en las
pastelerías lleva los mismos ingredientes que en esa época, harina,
levadura, azúcar, mantequilla, huevos, ralladura de naranja, agua de
azahar, frutas escarchadas y almendras.
Desde esta época los maestros pasteleros sólo han innovado algunos aspectos, especialmente el del relleno.
De hecho, el 40 por ciento de los roscones que se comercializan este año
tienen en su interior nata, trufa, crema, cabello de ángel, mazapán o
crema de castañas.
En los últimos años también se pueden encontrar en las pastelerías
roscones “mini” adaptados a los nuevos modelos familiares y con nuevas
presentaciones.
A esta extendida tradición se han apuntado en los últimos años las
grandes superficies, los supermercados y las tiendas de superdescuento y
otros establecimientos como gasolineras y tiendas retail (al por
menor).
En estas fechas todo los locales venden y sirven roscón de reyes.
Los pasteleros advierten de que en muchas ocasiones se trata de
roscones falsos, pues, según los pasteleros, son elaborados con masa de
suizo, más barata y con menos sabor que la tradicional de brioche.
Además contienen dudosos rellenos de “nata vegetal” e incluso se venden en la calle sin la conveniente refrigeración.
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